

Hay mensajes que no necesitan ser leídos hoy.
Creo una forma de guardar palabras, recuerdos y sentimientos dentro de una obra de arte. Cada cuadro nace para una persona concreta. En él escondo mensajes, símbolos y pequeños enigmas que solamente cobran sentido cuando alguien los descubre.
Hace tiempo hice uno muy especial: un cuadro para mi futura nieta, una niña que todavía ni siquiera existe. Se lo entregaré a mi hija para que, cuando llegue el momento, se lo regale a ella.
Quizá algún día, muchos años después, mi nieta o nieto mire aquel cuadro y empiece a descubrir los mensajes que su abuela dejó escondidos para ella antes incluso de conocerla.
Eso es lo que quiero crear:
cuadros que guardan historias. Regalos que hablan incluso cuando nosotros no estamos presentes.
Obras que pueden esperar años para ser descubiertas.
No todo lo que ves en el lienzo está a la vista.
Cada pigmento guarda un secreto, cada trazo es una pista esperando a ser revelada. La obra no termina en el bastidor; comienza en la mirada curiosa que busca más allá de lo evidente.
